No es fácil escribir en una página Web de difusión masiva, todo lo que se debería opinar sobre la escasez de soluciones definitivas de la práctica habitual para el gravísimo problema del dolor de cintura, hernias de disco y ciática. Para que un enfermo logre una mejor información de su presente y futuro dependerá, de lo mucho que pueda leer sobre su afección, pretender aprender todo sólo por boca de un médico llevaría horas, si es que encontrara alguno con el conocimiento adecuado, el tiempo y la disposición para enseñarle.
Es uno de los problemas más frecuentes y alarmantes de la medicina mundial, agravados en estas últimas décadas y de muy difícil solución definitiva porque, en la práctica médica habitual, no existe casi ningún tratamiento curativo fuera de la cirugía como su única solución, la que además está cuestionada por sus índices de resultados “no satisfactorios” y que suele perjudicar o anular al disco operado sobrecargando a los restantes. A esta confusión se suman millones de enfermos “no quirúrgicos” con tratamientos sólo paliativos, no curativos.
El dolor de cintura es la causa de 8 de cada 10 consultas en el mundo. Genera gastos y ganancias incalculables, quizás más de U$S 150.000.000.000 anuales, con un alto porcentaje destinado a la cirugía. Sólo EE. UU. con el 5% de la población mundial pierde U$S 60.000.000.000 por año. En la práctica común, millones de enfermos en todo el mundo sufren sin encontrar una solución definitiva. Por el volumen de pacientes, la traumatología es la más importante especialidad que comparte su doble condición de diagnosticar y de solucionar los casos quirúrgicos.
Es útil señalar que el autor (1), por una escoliosis lumbar, en 1996 sufrió meses de una severa hernia de disco. Creyó hallar una solución en los libros no tan modernos, pero no la pudo encontrar en la kinesiología. No aceptó los argumentos de los últimos tratados y pudo solucionar su problema con métodos antiguos. A los 2 años repitió un cuadro más leve que superó fácilmente, lo que lo decidió a una investigación revisionista sobre el pasado y el presente de esta afección, lo que le deparó varias sorpresas.
El conocimiento del tema depende de la especialidad de los médicos. La mayoría no se ocupan de la columna lumbar y derivan el tema a los traumatólogos que lo conocen bien, algunos simpatizan con la cirugía y otros no, pero los libros no describen nada curativo fuera de ella. Los más influyentes son los especialistas de columna, de los que, dos de los más famosos del mundo, Rothman (traumatólogo) y Simeone (neurocirujano), rechazan en su libro “The Spine” de 1999 todo tipo de tracción lumbar, con lo que, para ellos, sería difícil encontrar algo para curar estos enfermos por fuera de la cirugía.
En desacuerdo con ellos, la Descompresión Vertebral Cíclica (DVC), que se explica en esta página Web, intenta curar los daños mecánicos de los discos enfermos recuperando su función. El disco se enferma cuando se deseca, se aplasta, se rompen las fibras internas de su anillo fibroso con brechas débiles que abomban en forma de hernias de disco ¿Qué puede conseguir rehidratar el disco, aumentar su altura, reintroducir su parte herniada y cicatrizar las fibras rotas en los puntos débiles de su anillo para evitar que se repita la afección? La mayoría de los médicos no sólo no tendrían una respuesta si no que les costaría creer que estos efectos se puedan conseguir mediante el “efecto vacío discal”, que sólo se logra con el estiramiento de la columna lumbar, un método de más 2.000 años de uso, modernizado en los años 50 por los traumatólogos que lo difundieron en el mundo y que luego quedó casi abandonado por factores difíciles de entender y explicar. En los años 1990, lo perfeccionaron algunos neurocirujanos de EE. UU., aumentando su eficiencia y solucionando la mayoría de los inconvenientes del método anterior.
El dolor mejora desde el primer día, es un método cómodo, nada invasivo, no usa inyecciones ni maniobras manuales sobre el cuerpo, en pocos días un enfermo dolorido y discapacitado se puede transformar en alguien con sensación de salud, aunque la verdadera curación suele llevar más tiempo. Puede ahorrar una cirugía que no se necesitaría pues al reparar los daños mecánicos de los discos, se desinflama la zona enferma y se supera rápidamente el dolor, tanto lumbar como ciático. También puede solucionar la vida de algunos que, con 4 o 5 discos enfermos, ya estarían desahuciados para la cirugía y la de algunos otros casos “no quirúrgicos”. Es medicina tradicional desde hace más de 2.000 años, demostrada por trabajos científicos, aprobada en 1995 por la FDA de EE. UU., incluida en el Libro Nomenclador de Prestaciones de la Argentina, por lo que se puede prescribir en los recetarios
Con esta base y con un análisis lógico, no parecería muy difícil entender la confusión sobre el tema que abarca a millones de enfermos, a casi todo el mundo médico, también a los kinesiólogos e incluye a los mejores tratados extranjeros especializados en columna vertebral. Prácticamente, fuera de la cirugía, hernias de disco y ciática parecerían estar erróneamente consideradas incurables por el cuerpo médico.
Esta confusión se origina por los resultados no muy satisfactorios de las cirugías y por dudas y discrepancias entre los médicos, incluyendo a algunos especialistas, sobre la disyuntiva de operar o no operar usando sólo tratamientos conservadores (sin considerar a la DVC entre ellos). Algo de esto se cita en los puntos 7, 11, 12.b., 12.c. y 12.d.). Es probable que colabore a esta confusión el casi desuso de la tracción pélvica continua, sumado a la poca difusión de la moderna Descompresión Vertebral Cíclica (DVC) y prácticamente no se conoce nada que pueda remediar los daños del disco lumbar. Los enfermos deambulan entre diversos métodos paliativos incapaces de remediar los daños bio-mecánicos de un disco enfermo. |